VIGILANTES DEL CIELO

    Observar el cielo nocturno siempre ha sido y sigue siendo una de mis pasiones favoritas desde que tenía pocos años de vida. Recuerdo con nostalgia la casa de campo de mi tío Pascual en la que año tras año veraneaba. La sierra de Ascoy quedaba acostada bajo un manto especialmente estrellado de intenso azul nocturno capaz de embrujar y enamorar al más duro de los corazones. Y allí, recostado sobre una tumbona de los años 80 comencé a dejarme sorprender y apasionar por tan espectacular paisaje.

     Y allí, recostado sobre una tumbona de los años 80 comencé a dejarme sorprender y apasionar por tan espectacular paisaje. Una estrella aquí, otra más intensa allá, una fugaz que dejaba su estela abriendo la boca de todos los presentes...y “el carro” - Osa Mayor-, constelación ésta que generación tras generación ha pasado de padres a hijos en un bonito ejercicio hereditario
Mis herramientas no iban más allá de mis propios ojos, pero con el pasar de los años comencé a usar otros artilugios que me permitían observar “un poquito más de cerca” aquel techo. Así pues, y como mis ingresos semanales no superaban los famosos 5 duros, le “quité” a mi hermano unos coquetos prismáticos para seguir aprendiendo.
   

    Mi inquietud como adolescente me hizo plantearme la pregunta que antes o después todos nos hemos hecho: “¿estamos solos en el Universo?”. Y mientras observaba hasta altas horas de la madrugada dejaba correr mi imaginación buscando cualquier señal en el cielo que pudiera satisfacer y contestar a mi inquietud.

    Años después, al poner una noche del fin de semana la radio comprobé que yo no era el único que estaba observando el cielo, pues un programa de radio había convocado a cientos de personas para que aquella noche (no más importante que cualquier otra) se pusieran a vigilar los cielos de toda España y ver qué ocurría. Quedé sorprendido, maravillado, pues a lo largo de aquella intensa emisión algunas personas habían hecho llegar sus testimonios a la radio en los que manifestaban haber visto algunas luces curiosas durante su particular vigilancia del cielo. La mía fue extraordinaria y aunque no llegué a ver nada extraño sí que sentí aquella como una noche especial. Una experiencia mágica que año tras año se repitió y en la que de una u otra forma participé y a la que denominaban ALERTA OVNI y que tenía sus raíces en los estudios de la Cadena Ser bajo la dirección del maestro de las ondas Antonio José Alés y su mítico programa Medianoche que muchos otros replicaron con el devenir de los años extendiendo la hazaña a otras muchas estaciones de radio dándonos la oportunidad a los no coetáneos de Alés (es decir, a los que no compartimos su época) a participar de la experiencia. No se pretendía encontrar marcianitos verdes pero sí cualquier indicio de objetos luminosos cuyo vuelo no tuviera una clara justificación.   

    Y así, con la ilusión del que mira el cielo y aun sin encontrar nada extraño sabe igualmente fascinarse, crecí e incrementé mi curiosidad por ese techo infinito que cada noche nos observa a nosotros con la premisa de que “si no vemos más cosas en el cielo, es porque no miramos”. Por eso, y desde entonces, año tras año la excusa de los Ovnis me reúne con otros amigos que comparten estas inquietudes y saben apreciar la hermosa escena que noche tras noche aparece sobre nuestras cabezas.

    Este pasado viernes, 25 de julio, aprovechando la Alerta Ovni organizada por el programa regional en Murcia El Último Peldaño, volvimos a reunirnos los de siempre. Como era de esperar no estuvimos buscando marcianos sino que tras una intensa y calórica cena, y acompañados de la radio, departimos una interesante charla entre amigos mientras observábamos todo lo que se podía ver en el cielo aquella noche que no era poco.

    Así pues pudimos contemplar constelaciones como la majestuosa Osa Mayor que nos conducía hasta Polaris (la estrella que marca el norte), Casiopea con forma de uve doble situada hacia el este, la constelaciones de Sagitario y Escorpio en el sureste o la bella constelación del Cisne situada justo en el cenit del techo estelar. También tuvimos la ocasión de ver varias de las estrellas que se utilizan como referencia para la alineación de radiotelescopios como son Vega, Altair o Arcturus, todas ellas radiaban intensamente aquella noche. Pero si hubo un protagonista en la noche ese fue Saturno, pues gracias a los telescopios que fueron desplegados, los presentes pudieron observarlo -anillo incluido-como nunca antes lo habían hecho, algunos compañeros decían incluso que se veía “de libro”. Y es que no era para menos. En esta época del año, y si la contaminación lumínica de la zona junto con la neblina atmosférica no lo impide, Saturno, Marte (claramente visibles al ojo humano) Neptuno, Urano y el humilde planetoide Plutón (los planetas visibles por la noche en esta época) pueden verse con un buen telescopio. No faltaron estrellas fugaces y algunos Iridium (satélites usados en la telefonía) que también dejaron ver sus destellos estelares en algunos momentos de la noche.

    Así pues, y en definitiva, quien se aburre durante las noches de verano es porque quiere, pues con una sola mirada hacia arriba podemos tener el más entretenido y bello espectáculo imaginado que cada noche abre su telón para ser visto por nosotros, el Gran Público.

Foto: Claudio Caballero